
Esto no es un escaparate. Es una guerra.
Será porque pienso en tu dolor, en tu miedo, en tu resignación.
Porque no sé si duermes, si sueñas, si te queda ilusión o te quedan ganas que, desde que supe que te ibas a
marchar, sólo he podido llorarte de coraje, de dolor, de rabia y rezar por tu vida que se apaga y pedir que no
pierdas la esperanza.
Tengo un equipo parecido al de Beyonce antes de un concierto en mi cuarto de baño.
Y un presupuesto aproximado en tratamientos.
Arranco cada año con un préstamo al banco para el crecimiento del cabello, para pestañas en 3D, sesiones de peluquería, de rejuvenecimiento facial en ampollas, en cremas efecto flash, en serums de retinol, de ácido hialurónico, de vitamina C, D, y todo el abecedario, de rosa mosqueta, de no te quedes quieta, de aloe vera, de aceite de almendras, de aceite de macadamia, de esencia de jazmín, de lavanda, de ácido glicólico, de resveratrol, de mascarillas de hierbabuena y arcilla, de sales del mar muerto; de tratamientos para el cuidado del cuello, del escote, para combatir la flacidez del sur y del norte, sesiones de manicura, pedicura, cejas, piernas, trastero.
T
engo agujetas de callarme. Te veo y disimulo. Finjo que no me importas nada cuando en realidad me importas tanto.V
oy de puntillas amándote a chorros. No se me vaya a notar que te quiero y te des cuenta y te asustes, y te lo acabes perdiendo.M
e pregunto por qué las cosas más bonitas dan tanto miedo. Te vas y descanso.